El deterioro de la educación se observa en las calles (más de un millón de niños son trabajadores prematuros); en las familias (la migración descontrolada afecta a la niñez y a la juventud); en el campo y en las zonas urbano-marginales (el tercio de las escuelas son uni y pluridocentes, que se desenvuelven en forma deprimente); en la informalidad o la ciudadanía invisible (por la falta de empleo y oportunidades); y en general, en el bajo nivel de profesionales que egresan de las universidades, sin olvidar, desde luego, de la poca cultura política y ciudadana.
La reforma es urgente
La educación es un bien público y de ella dependen el presente y futuro. El problema de fondo, pese a la aplicación de la reforma curricular consensuada y otras estrategias seguidas por varios gobiernos, sigue intocado.
Hay que reconocer que la educación ya no concierne exclusivamente a los educadores, ni tampoco exclusivamente a los políticos. Tampoco depende necesariamente de las Constituciones ni de las leyes.
La reforma plantea un discurso educativo coherente con los propósitos de un cambio desde las aulas y desde la nueva Universidad y los Institutos Pedagógicos que preparan a los docentes; la reforma plantea un trabajo prioritario en calidad con equidad, especialmente en los sectores urbanos marginales y rurales del Ecuador, complementado con un programa de mejoramiento nutricional; un sistema de evaluación de desempeño docente y evaluación de la organización escolar, unido a un salario justo; y un sistema de financiamiento progresivo de la educación, pero con rendición de cuentas.
Visión compartida
Una hipótesis es cierta: el país no puede continuar con una educación centralista, empobrecedora y excluyente. Tenemos que enfrentar el problema de la educación en varios frentes: en el aula, mediante la innovación de procesos ligados a la formación de los maestros (necesitamos una nueva escuela, una nueva docencia, un nuevo paradigma pedagógico, que responda a las necesidades de aprendizaje de los niños y de los jóvenes de nuestro país, en el contexto nacional e internacional); en las instituciones educativas, a través de proyectos pedagógicos institucionales que apuesten a la investigación, la planificación, la gestión participativa y la evaluación integrales y no solo de los estudiantes.
Sabemos que el problema de la educación no es técnico, exclusivamente; es político. Sin embargo, la decisión de cambio no solo es de los “arriba”, de las autoridades, sino de los docentes principalmente, los que trabajamos en el aula, con lo más sensible de nuestra sociedad: los niños y los jóvenes.
Es necesario insistir en un Proyecto Educativo Institucional, que se fundamente en un modelo pedagógico.
No es posible marginar a la educación y a los educandos de las grandes corrientes del pensamiento. El mundo afronta la revolución de la información, y la educación forma parte de ella. Un punto de partida son las necesidades de aprendizaje de los estudiantes.
La calidad de la educación debe ingresar en la agenda educativa nacional, con la participación no solo de los maestros sino de todos los actores sociales, económicos y políticos.
Condiciones básicas
La calidad de la educación no puede comprenderse como una consecuencia natural de la educación.
Para lograr calidad se requieren esfuerzos deliberados de toda la comunidad educativa, y así definir de manera colectiva las metas institucionales.
También es importante fomentar las competencias con claros sistemas de evaluación y de promoción de alumnos y maestros.La calidad demanda esfuerzos.
¿La calidad se puede evaluar?
Según una investigación (*) se encontraron 6 diferencias esenciales entre planteles de más alto y de más bajo nivel académico:
1. El papel del PEI en la calidad.
La existencia, lectura y discusión del PEI (Proyecto Educativo Institucional) entre los profesores es una variable claramente diferenciadora de la calidad de una institución educativa.
2. Sistemas de capacitación con padres y docentes.
Los colegios de mayor calidad cuentan con sistemas de capacitación a padres y docentes con un plan y propósitos claros, y estos programas se sustentan en documentos, artículos y libros previamente elaborados.
3. El papel del currículo en la calidad.
Según el estudio, para diferenciar la calidad de las instituciones educativas debe tenerse en cuenta si existe un currículo escrito y si este es seguido por los docentes. Esta conclusión es coherente con los resultados de las investigaciones mundiales.
4. Círculo de estudio con profesores.
Lo que diferencia a las instituciones de mayor calidad de las de menor calidad es el tipo, las características y la periodicidad de las reuniones académicas, entre docentes de una misma área de estudios.
5. La calidad de las instalaciones y el estrato socio-económico de sus estudiantes.
La investigación demuestra que la calidad de las instalaciones y el estrato siguen siendo altamente diferenciadores de la calidad.
6. Número de alumnos por curso.
No se encuentran diferencias significativas en el tamaño de los cursos de los colegios de mayor y menor calidad.
http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=220568&id_seccion=160
www.carloscalla.blogspot.com
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