Los docentes solemos avergonzarnos de nuestra profesión, porque somos producto de una sociedad que prioriza el dinero y el estatus.
¿Por qué esta nueva sección? Cuando a un docente se le pregunta ¿cuál es tu profesión?, generalmente se apoca. Esto no sucede cuando se le hace la misma pregunta a un médico o a un ingeniero. ¿Por qué ocurre esto? La sociedad, en general, degrada la docencia considerándola una especie de oficio para personas que no dieron la talla de las “verdaderas profesiones”.
Esta dolorosa realidad puede ser superada. Existe un camino: el punto de inicio, indudablemente, es trabajar cada día de la vida en la autoestima y autoafirmación. Esta nueva sección de EducAcción va dedicada a los docentes para que desarrollen estrategias para conocerse, valorarse y amarse como personas, requisito imprescindible para crecer como profesionales.
El poder de las imágenes y las palabras
Los seres humanos solemos ensayar mentalmente nuestras derrotas y así nos encaminamos hacia el fracaso. Trabajar en cambios en la forma de pensar es una de las claves para lograr ser mejor. Uno de los instrumentos más poderosos para ello es la visualización.
Haga la siguiente prueba: pídale a la persona que está junto a usted que no piense en una vaca rosada; enseguida se dará cuenta de que lo primero que hizo su acompañante fue visualizar una vaca rosada. Es inútil evitarlo. ¿Por qué pasa esto? Lo que ocurre es que las imágenes y las palabras son tan poderosas que incentivan y producen las condiciones físicas y las acciones que corresponden a ellas.
Acostumbrados a los ‘noes’
La neurofisiología explica que el sistema nervioso autónomo no puede diferenciar entre el ‘imaginar’ y el ‘hacer’. Una implicación de esto es que cuando una persona se concentra en pensar en algo que no quiere que suceda realmente sucede. Por ejemplo: es probable que cuando un futbolista está a punto de cobrar un penalti y piensa “no voy a fallar”, en realidad tiene una representación de mandar la pelota afuera o permitir que el arquero la detenga. La explicación del fracaso se origina en que el cerebro crea en su mente la imagen “fallar”, pero le pasa inadvertido el aviso “no”.
Cuando un docente se propone “No voy a perder la paciencia con mis alumnos”, “No voy a permitir la indisciplina en el aula”, “No me voy a poner nervioso en la entrevista con el director”; lo que realmente hace es trabajar para que ocurra lo contrario porque nuestras imágenes y las palabras preceden y dirigen la realización de todas nuestras acciones.
Seamos expertos en ‘síes’
Para derrotar los ‘noes’, hay que pensar en lo que uno quiere que suceda, porque eso incrementa las posibilidades de que lo que queremos que ocurra. Es decir, propongámonos “no vislumbrar lo que No queremos que suceda”, “no pensar en lo que No queremos decir o hacer”. Al positivizar las frases e intenciones, “pensemos en lo geniales y excelentes que queremos ser”, “pensemos en lo que Sí queremos hacer o decir”, “imaginemos lo que deseamos que suceda”.
El diálogo interior
Generalmente las personas, al hablar “hacia adentro” , solemos emitir pensamientos o sentimientos negativos que generan un “tono mental” dañino. Así, maldecimos, nos autoculpamos o nos repetimos: ¡qué tonto soy!, ¡qué mala suerte!, ¿por qué siempre me pasa esto a mí? Recuerde que uno llega a ser y convertirse en lo que piensa, porque los pensamientos orientan el rumbo de la vida.
Hasta en los momentos más difíciles, hay que habituar a la mente a enfrentar los problemas con positivismo, esperanza y asertividad.
El hecho de darse un buen trato: respetuoso, afectuoso y tolerante es la fuente para mantenerse con alta autoestima y con la claridad mental necesaria para resolver los problemas, siempre infaltables en la vida.
Un caso práctico
Supongamos que usted va a pedir empleo en un colegio. Desde el lado que debemos evitar, usted podría dirigirse a la entrevista pensando: "No quiero demostrarme inexperto”, “no me gustaría que piensen que no tengo conocimientos” “no…”. La clave es evitar ser víctima de los "noes".
En cambio, si nos concentramos en los ‘síes’ y creamos una imagen mental positiva, esto nos ayuda a desarrollar el comportamiento correspondiente. Para esa entrevista, concéntrese más bien en aquello que quiere que suceda y véase a usted mismo logrando su objetivo: "Quiero lucir muy profesional y experto” “ que me vean muy seguro de mí mismo”, “quiero proyectarme como una persona conocedora de lo que habla y lo que va a hacer".
Obviamente, no ocurren milagros, previamente hay que prepararse, leer, conocer las necesidades de la nueva institución. En la entrevista hay que desenvolverse con soltura, establecer contacto visual con el entrevistador, etc., pero todo empieza con la seguridad en uno mismo.
http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=220763&id_seccion=160
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