La educación tradicional, es decir, la que se imparte bajo parámetros establecidos donde el profesor es el que “dicta” la materia y los estudiantes los que “copian” para aprenderse de memoria y recitar en los exámenes, está en franca decadencia, según estudios.
Las causas son múltiples. Así, el profesor de antaño –que sabía todo y era un intelectual, escritor, poeta y sabio- está superado por la realidad, especialmente por la avalancha de conocimientos y las nuevas especialidades que se han formado, a la luz de las nuevas profesiones, mientras los esquemas de formación del profesorado no han cambiado.
La paradoja es entonces real. En efecto, a los déficits evidentes en lo que a la calidad se refiere, se une un tipo de formación estandarizada de docentes que reproduce modelos de pedagogía anclados en la tradición, en tanto las nuevas tecnologías han revolucionado los procesos de aprendizaje de manera radical.
No se trata exclusivamente de manejo de aparatos o herramientas computacionales, como algunos sostienen, sino de un cambio de mentalidad respecto de la ciencia, la pedagogía y la gestión del conocimiento.
Este cambio implica un salto cualitativo fundamental: del concepto y praxis de un trabajador (docente) rutinario y de servicios, a un concepto y praxis de un analista simbólico, es decir, de alguien que es capaz de enseñar a pensar, desarrollar liderazgos y creatividad, con un fuerte énfasis no en transmitir contenidos sino en construir procesos de aprendizaje significativos.
Otra causa, asimismo relevante, es la salida silenciosa de los conocimientos del escenario tradicional –la escuela-. Ahora los conocimientos están en la Red o Internet, y son asequibles a todos. En consecuencia, la escuela dejó de ser el templo del aprendizaje. ¿Cuál es, entonces, el papel de la nueva escuela? Es una pregunta muy importante. La nueva escuela o la escuela del futuro se perfila como un sistema de educación sin muros, donde el manejo de la información será la clave. El nuevo docente será un facilitador de procesos: no enseñará contenidos –que estarán en la Red- sino transferirá métodos para que cada estudiante aprenda a aprender por sí mismo.
En este contexto, la gestión del conocimiento permitirá a los docentes –llamados tutores- servir de mediadores sociales y culturales, con un fuerte componente tecnológico –las TIC-, a través de currículos articulados a las necesidades de aprendizaje de cada estudiante, y no estandarizados como sucede en la actualidad. Habrá nacido el docente digital.
Las resistencias al cambio son comprensibles. Un sector importante de profesores niega la importancia de las tecnologías, debido, principalmente, a la falta de adaptación a las nuevas herramientas y las competencias necesarias; otro sector, no obstante, es más flexible y abierto a las posibilidades y oportunidades para ensayar y aprender con las TIC.
El Ministerio de Educación, a través de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones, ha elaborado el Plan de Conectividad Escolar. Más de mil escuelas contarán con la Internet en el 2009. Se espera que lleguen también profesores con gran formación académica.
La reforma escolar: uso de tecnologías
La educación de la fuerza laboral es una condición básica para el logro del desarrollo humano sostenible. Esto está comprobado.
La reforma de la escuela, en este contexto, es urgente, pues solo una fuerza laboral bien educada puede contribuir al mejoramiento de la calidad de vida.
El desarrollo educacional, por lo tanto, va de la mano del desarrollo económico y de la consolidación de un sistema democrático de participación.
Los pilares de la nueva escuela se afirman en un nuevo paradigma –el constructivismo-, la utilización de las tecnologías y la formación de valores humanos.
La escuela del futuro se perfila entonces como una organización inteligente (que aprende), esto es, que responde a cabalidad a entornos caracterizados por la velocidad de los cambios, la facilidad de acceso a la información, a nuevos productos y servicios, la globalización de la economía y el humanismo centrado en la solidaridad.
La escuela del futuro se construye hoy. Las nuevas tecnologías merecen ser consideradas como estrategias para el cambio cualitativo que necesita la educación ecuatoriana.
No bastan los edificios, las instalaciones, incluso las herramientas tecnológicas si los docentes no cambian sus métodos y técnicas de enseñanza- aprendizaje.
No bastan los edificios, las instalaciones, incluso las herramientas tecnológicas si los docentes no cambian sus métodos y técnicas de enseñanza- aprendizaje.
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